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El agua de Trump

A día de hoy, ¿quién no ha oído nunca hablar de Donald J. Trump? No hay día en el que no aparezcan noticias en los medios de comunicación y en las redes sociales sobre nuevas declaraciones y acciones del actual Presidente de los Estados Unidos de América.

La controversia que genera Trump es evidente, así como su negacionismo hacia el cambio climático, uno de los problemas más graves a los que se enfrenta la humanidad. El nombramiento como próximo director de la EPA (la Agencia de Protección Medioambiental) de Scott Pruitt, negador del cambio climático y vinculado con la industria de los combustibles fósiles (Figura 1), ha desatado las alarmas sobre el impacto que puedan tener las decisiones a nivel mundial. Incluso se escuchan rumores de sacar a los Estados Unidos del Acuerdo de París, el gran pacto global para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Figura 1. Explosión en la plataforma petrolífera Deepwater Horizon, que produjo el mayor vertido de crudo de la historia.

Del nuevo inquilino de la Casa Blanca ha sido siempre más conocida en EE.UU. su faceta de personaje televisivo que de empresario. Sus apariciones en filmes, series de televisión y programas de toda índole contribuyeron a difundir su imagen de magnate de éxito en los negocios, la viva representación del sueño americano (¿o la personificación de la pesadilla americana?). Su sociedad limitada, la Organización Trump, gestiona hoteles, casinos y propiedades en todo el mundo, además de realizar proyectos inmobiliarios y de construcción. Entre sus tantas aventuras empresariales que aún siguen en pie se encuentra una de especial interés para iAgua y que no suena descabellado relacionarla con Mr. Trump: el agua embotellada.

 

Figura 2. Botellines de la marca de agua embotellada de Trump.

Entre sus tantas aventuras empresariales que aún siguen en pie se encuentra una de especial interés para iAgua y que no suena descabellado relacionarla con Mr. Trump: el agua embotellada

En la web oficial de su empresa [1], Trump Natural Spring Water  (“Agua natural de manantial Trump”), también conocida como Trump Ice (Figura 2), es anunciada como “una de las aguas naturales de manantial más puras que se embotellan en el mundo. Es analizada continuamente para confirmar su pureza (¿se pretende acaso insinuar que el agua de la red es impura?) y embotellada en la fuente en una instalación moderna para asegurar que se mantiene la pureza”. A continuación, se invita de manera imperativa a probarla: “Pruebe su refrescante sabor y estará de acuerdo- la diferencia es clara.” Por último, se informa de dónde podemos adquirir estos botellines: “Con mucho orgullo se sirve en los hoteles, restaurantes clubes de golf Trump de todo el mundo”.

En el etiquetado de las botellas (Figura 3), fue descrita de manera bastante similar: “Nuestra agua de manantial es una de las aguas de manantial de mayor calidad embotelladas en el mundo con un contenido mineral óptimo. Es embotellada en una instalación moderna y continuamente probada para asegurar su calidad. Disfrute de una bebida refrescante de nuestras aguas de manantial y estará de acuerdo… Es clara la diferencia.”

Al parecer, Trump Ice se vendía en un primer momento en cadenas nacionales de comestibles y en tiendas especializadas de alimentos en Estados Unidos. Por lo visto, prefirió estrechar el mercado de su marca al de la oferta de restauración de las propiedades del “Imperio Trump”.

De acuerdo con el Formulario de Divulgación Financiera de 2016 de Trump [2], que fue presentado ante la Comisión Federal de Elecciones, las ganancias personales en el ejercicio anual anterior de la corporación Trump Ice ascendieron a un monto de 413 339 dólares estadounidenses (equivalente a unos 386 334 €). Una “nimiedad” comparada con su patrimonio (neto) cifrado en 3 700 millones de dólares, según Forbes [3].

Figura 3. Distintas perspectivas del etiquetado de una botella de agua Trump Ice.

En el precinto de la botella (Figura 3) se destaca que está libre de sodio. Según la OMS [4], “no se pueden extraer conclusiones definitivas con respecto a la posible asociación entre la presencia de sodio en el agua de consumo y la hipertensión”. No obstante, a pesar de que no se propone ningún valor de referencia, el umbral gustativo promedio del sodio es de 200 mg/l, es decir, concentraciones mayores del ion [Na+] podrían tener un gusto inaceptable para el consumidor. En España, conforme al Real Decreto 140/2003 [5], por el cual se establecen los criterios sanitarios de calidad del agua de consumo humano, el parámetro indicador máximo del sodio coincide con el valor recomendado por la OMS.

En cuanto a información nutricional (Figura 3), el agua no tiene ni grasas,carbohidratos o proteínas en su composición, datos que coinciden con los que da la USDA, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos.

Existen dos manantiales de procedencia de Trump Ice:

  • Cokertown Springs, Red Hook, en el estado de Nueva York.
  • Pristine Mountain Spring, Stockbridge, en el estado de Vermont.

La empresa embotelladora del agua de manantial natural Trump se sitúa en el área del estado de Nueva York. Adirondack Beverages es una compañía de bebidas, principalmente carbonatadas, entre las que destaca la cola Adirondack y una línea de refrescos hipocalóricos. Curiosamente, en los años 70, estas empresas de refrescos se encargaron de fabricar la demanda del agua embotellada al percibir que sus ventas se estancaban.

Figura 4. Pack de 24 botellines de agua Adirondack.

Si se llega a multiplicar hasta por 2 000 el precio de un litro de agua embotellada respecto de la municipal, debería ser condición “sine qua non” que pasara siempre más controles de calidad que el agua suministrada en los hogares

En su portal de Internet [6], destacan que “la compañía produce su agua embotellada usando el agua de Pristine Springs, en pleno corazón de Vermont”. La fuente de manantial y el agua de manantial supera todo tipo de estándares de la FDA (U.S. Food and Drug Administrationpara que pueda ser distribuida por todo el país. Se analizan más de 160 parámetros, entre los que destacan: sodio, fluoruros, magnesio, hierro, compuestos orgánicos volátiles y se realizan tests microbiológicos de pH, alcalinidad, turbidez, sólidos totales disueltos, trihalometanos, nitratos, nitritos, ftalatos, potasio, herbicidas y pesticidas, entre otros.

En la web de Adironback Beverages también se comenta que “el agua embotellada es altamente regulada por los gobiernos estatales como federales. En muchos casos, hasta los tests resultan más rigurosos que los de las aguas municipales que se proveen (otro ataque al agua de abastecimiento; si se llega a multiplicar hasta por 2 000 el precio de un litro de agua embotellada respecto de la municipal, debería ser condición sine qua non que pasara siempre más controles de calidad que el agua suministrada en los hogares). Se buscó extensamente para encontrar las aguas de manantial de mayor calidad, procediendo las mejores de las áreas montañosas prístinas.”

Para asegurar la pureza, el agua pasa por dos procesos estándar de purificación(microfiltración y ozonización) antes de que comience el proceso de llenado de las botellas.

Figura 5. Presentación del portal de la empresa de agua embotellada Village Springs Water.

Otras fuentes más recientes apuntan que el agua de Trump procedería de Willington, ubicado en otro estado norteño como Connecticut. Casualmente, en dicho lugar existe una empresa de larga tradición cuya agua procede de tres manantiales y se embotella in situ, tal y como se detallaba en la web oficial de Trump.

En la propia página web [7] de Village Springs Water (Figura 5) hay un vídeo donde se muestra que el agua embotellada de la Universidad de Yale procede de la misma empresa. La Universidad de Yale es una de las universidades privadas de más prestigio en Estados Unidos. Como anécdota, estudiaron en la misma los ex Presidentes George Bush (hijo), Bill Clinton y la candidata demócrata a la Presidencia Hillary, donde se conocieron en clases de derechos civiles y políticos.

Como experto en percepción de las propiedades organolépticas del agua, se recogen las palabras de Michael Mascha [8], publicista del sitio web FineWaters y autor de “A Connoisseur´s Guide to the World´s Most Distinctive Bottled Waters” (guía de cabecera de los gourmets del agua). El reconocido sumiller del agua (Figura 6) asegura que el contenido mineral es “muy bajo”, además de que el hecho de que esté en una botella de plástico, y no de vidrio, es un claro signo de que la Trump Ice no es un producto de lujo.

Figura 6. El experto catador de aguas Michael Mascha.

La principal crítica de Mascha hacia el agua de Trump es que la imagen del magnate es más importante que la epicúrea y hedonista experiencia de disfrutar de un agua de gran calidad procedente de una fuente especial. “La marca no está claramente dirigida hacia el agua, se trata de un vehículo para la imagen de Trump”, dijo. Además, existe otro problema relacionado con el ambiente: “Personalmente, no me gustaría encontrarme el rostro de Trump en una botella de plástico si me encuentro en un buen restaurante tomando una buena cena”.

“La marca no está claramente dirigida hacia el agua, se trata de un vehículo para la imagen de Trump”

La mejor campaña [9] para dar a conocer su marca de agua embotellada la protagonizó el propio Trump (¿quién si no?) a raíz de un envío especial (que suena más a fuego cruzado) de una caja de 24 botellines de medio litro al senador por el estado de Florida Marco Rubio, candidato – y rival– también a las Primarias presidenciales del Partido Republicano en 2016, con el ya famoso lema “trumpiano”: ”Make America Great Again” (“Que América vuelva a ser grande”) y una nota escrita: “Como suda tanto, hemos pensado que debería beber más agua. ¡Disfrútela!”

Así que si tienen interés en poder degustar el agua de Trump, podrían acercarse, sin ir más lejos, a la Torre Trump, situada en el número 725 de la Quinta Avenida de la Gran Manzana [10]. Por algo más de lo que les costaría un café largo (unos 2.45 $, algo menos de 2.30 €), podrían pedir un botellín de 16.9 oz o medio litro. Si, de lo contrario, prefieren impulsar el consumo de las aguas municipales, no sólo el medio ambiente se lo agradecerá (Figura 7).

Figura 7. Botellas de agua abandonadas en la orilla de una playa paradisíaca de las islas Perhentian (Malasia, en pleno ).

Referencias bibliográficas

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